Lo que el IMC no detecta
El Índice de Masa Corporal divide el peso en kilogramos por la talla en metros al cuadrado. Un IMC entre 25 y 29,9 indica sobrepeso; por encima de 30, obesidad, según los umbrales estándar de la OMS. El problema: el IMC no distingue entre masa grasa y masa muscular. Un deportista con IMC 28 puede estar en excelente forma. Una persona sedentaria con IMC 23 puede tener un porcentaje elevado de grasa visceral y un riesgo cardiovascular real.
La SEEDO (Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad) recomienda complementar el IMC con el perímetro abdominal. Los valores de alerta para la población española: más de 88 cm en mujeres y más de 102 cm en hombres indican un riesgo significativamente elevado de enfermedad cardiovascular y diabetes tipo 2, con independencia del IMC.
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El índice cintura-talla: más predictivo que el IMC
El índice cintura-talla (ICT) divide el perímetro abdominal entre la altura en la misma unidad. Varios estudios lo consideran un mejor predictor del riesgo cardiometabólico que el IMC. La regla: un ICT superior a 0,5 indica riesgo elevado, independientemente del IMC. Para una persona de 170 cm de altura, esto equivale a un perímetro abdominal superior a 85 cm.
La OMS y la SEEDO recomiendan el ICT como medida complementaria, especialmente a partir de los 40 años, cuando la redistribución de grasa hacia el abdomen es frecuente aunque el peso total permanezca estable.
Umbrales distintos para poblaciones asiáticas
Los umbrales estándar de la OMS (sobrepeso desde IMC 25, obesidad desde IMC 30) se calibraron principalmente en poblaciones europeas. Para personas de origen asiático oriental o meridional, el riesgo de diabetes y enfermedad cardiovascular aumenta desde un IMC de 23 (sobrepeso) y 27,5 (obesidad), según las recomendaciones de la OMS-WPRO y las sociedades médicas de Japón, Corea e India.